En nuestro país existen prejuicios entre los economistas de derecha y los economistas de izquierda. Ambos coinciden -aunque sin admitirlo- en lo que son buenas políticas públicas y los dos bandos dicen que los economistas de sus sectores están a favor de los más pobres. Asimismo, los dos se infligen críticas que tienen a mi entender algo de ciertas.
Se ha discutido mucho respecto a la inequidad que presenta el actual impuesto a la herencia en Chile y la baja recaudación que tiene. Por ello han proliferado las sugerencias de suprimirlo para nivelar la cancha entre los más pudientes que no lo pagan con la clase media y media alta que si paga. La recaudación anual de este impuesto bordea los US$60 millones al año. La tasa de este impuesto llega hasta 25% para herencias que superan los $520 millones.
El 24 de septiembre pasado tuve el honor de comentar el libro de Felipe Lamarca “Las prisas pasan, las cagadas quedan”. Esta columna la dedicaré a transcribir los principales comentarios que hice en dicha oportunidad: Desde que comencé a leer el libro no paré hasta terminarlo, por lo ameno y bien escrito. En la parte humana me sentí identificado con la siguiente frase “la vida no es para siempre y es una locura aplicarla sólo a trabajar… o a lo que nos parece urgente en desmedro de lo que es importante”. Felipe llegó a esta conclusión luego de su grave enfermedad de meningitis; yo llegué a la misma conclusión el 11 de septiembre del 2001 al despertar de una operación a la columna, que casi me dejó invalido.
En esta columna continuaré explicando las medidas tributarias del programa económico de Marco Enríquez-Ominami (MEO) que comencé la columna antepasada. La 8va medida tributaria fue proponer una reducción unilateral de aranceles a la mitad. Es decir para importaciones de los países sin tratado de libre comercio se reducirán los aranceles de 6% a 3%. Esto implicará una menor recaudación de aproximadamente US$200 millones al año afectando a cerca de 20% del comercio internacional.